Hoy alcancé un nivel de conciencia mucho más profundo sobre lo brutal, placentero y maravilloso que es el proceso entre mi Amo y yo. Me enciende demasiado todo lo que construimos y compartimos.
Hoy salí a zorrear con el deseo
ardiente de follarle la mente a los hombres, especialmente buscando a un target
extranjero.
Escogí nuevamente el bar de un
hotel lujoso. Llevaba un vestido que cubría lo que por ahora debe permanecer
oculto: mi marca de PUTA en el pecho, tacones y mi bolso con un nuevo juguete.
Me dirigí allí con la certeza de
que sería una gran noche de zorrería, y así fue.
Llegué sola al bar sintiéndome
tan PUTA en mi propia piel. Me instalé en la esquina de la barra, en mi lugar.
Apenas llegué, analicé el lugar.
Adoro hacerlo. El escenario donde jugaría con los hombres buscando objetivos y
saboreando cada encuentro.
Una vez más, disfruté de varios
estímulos a la vez. En la mesa al costado de la barra había tres hombres. Un
mexicano del grupo moría por dejar la mesa en la que estaba con sus amigos y
estar conmigo.
Al otro lado de la barra vi al
encargado del bar, trajeado, quien manejaba el espacio con una seguridad
arrolladora. Lo miraba preparar cócteles con una rapidez mental y, en sus
manos, una precisión milimétrica. Deseé esa misma precisión de su tacto en mi
cuerpo. Me hablaba y me sonreía. No era la simple gentileza hacia una clienta
común; era el reconocimiento de lo que soy: muy PUTA. Con descaro le hacía
preguntas y él me respondía sin dudar.
Me dijo que sería capaz de
prepararme un coctel que refleje mi esencia y describió los ingredientes. Sería
una bebida trepadora, afrodisíaca, con cuerpo y presencia. Una bebida que
explote en el paladar, justo como la PUTA que soy.
Seguí el juego de la noche con un
argentino que, sin importarle la falta de sillas, se aproximó a mí y estando de
pie, empezamos a hablar. Y así, muy PUTA, sonriendo, mirando a la vez al encargado
detrás de la barra y a otro hombre que me saludaba desde el otro extremo de la
barra, estaba ahí, muy zorra, disfrutándolo todo y pensando en mi Amo.
Lo visualicé sentado en una
esquina, mirando el espectáculo que ofrecía. Deseo que conozca el lugar donde
zorreo, y sé que lo hará. Es lo maravilloso de esta relación: poder decirle
libremente que encuentro a un hombre atractivo, que quiero follármelo, que me
folle. Saber que nos disfrutamos con total libertad y compartimos el placer.
Mi zorrería me lleva a excitar a
otros hombres, calentarlos, enseñarles mis juguetes... Después será tocarles
las pollas, mostrarles mi coño, poner sus dedos dentro de mí, hacer que los
chupen, chupar las pollas en el baño de cualquier bar, follar con ellos
sabiendo que cada gemido y cada pensamiento son para él, para mi Dueño. Todo lo
vivo para regresar a él y compartirlo.
El clímax de la noche llegó tras
un breve destello romántico al ver a una pareja de ancianos y la reacción del
argentino, que me vio con ojos de "eres una dulzura". Le demostré que
soy romántica, pero con un arsenal de perversión.
Decidí que era el momento de que
descubriera lo que llevaba en el bolso. Le pedí ayuda para sacar mi perfume, lo
reté a sacar lo que había adentro y adivinar qué era. Le dio timidez abrir mi
bolso, así que lo ayudé. Solo había tres objetos en mi bolso. Él identificó mi
labial, por lo que solo quedaban dos objetos y fue directo a mi juguete. Le
dije que se notaba que lo conocía muy bien.
Lo encendí ahí mismo y empezó a
vibrar. El sonido se mezcló con el bullicio de la gente. Lo miré, se lo pasé
para que sintiera la vibración mientras lo miraba a los ojos y le dije con
convicción y morbo: "Es una delicia". Él me miró y me dijo: "Impresionante".
Y así, viendo la hora, le dije
que era momento de partir.
Al salir, llamé a mi Amo para
decirle lo que él ya sabía: que estuve zorreando mucho. Le confesé cómo me
siento, totalmente libre de compartir lo que quiero, deseo y disfruto. Tenemos
un espacio seguro y una libertad que nos sostienen. Siento un deseo ardiente de
compartir con él; tengo unas ganas locas de que me folle.
Quería regresar a casa,
encontrarlo y pedirle que follase muy fuerte, aunque no sería necesario. Sé que
en el mismísimo umbral de la puerta empezaría a follarme con fuerza.
Llegar tan extasiada y caliente
tras zorrear, regresar a mi Amo para recibir su energía, su leche, su fuerza y
darle muchísimo placer, todo el que él se merece por quien es y lo que provoca
en mí.
Y así regresé a casa, viviendo la
noche con alegría y plenitud.
Abrimos mi nueva computa...
¡dora! Que me saluda con un "hola, puta", porque me reconoce, igual
que el resto del universo lo está haciendo y lo seguirá haciendo.
Mi Amo me guió en la iniciación
de la comPUTA, tal como lo hace en la iniciación de mi zorrería. Me ordenó
ponerme de espaldas a la cámara y culearme con mi juguete. Adoro obedecerlo,
adoro ser tan PUTA. Bautizamos juntos a la comPUTA con un nombre que expresa lo
que llegaré a ser.
Una vez actualizada, hicimos la
primera búsqueda siguiendo las órdenes de mi dueño y señor. Adoro aprender, ver
porno con mi Amo. Vi a esa mujer que ninguneaba la polla de su esposo mientras
la follaba un negro con una megapolla que lucía tan rica. Me excita imaginar
sentir una polla tan grande en mi coño, gritar de placer mientras mi Amo me
mira extasiado por la experiencia que creamos y disfrutamos juntos.
El momento con la comPUTA ha
empezado. Hay tanto por hacer, disfrutar y compartir con el mundo, y eso
haremos. Esto apenas comienza. Mi puterío al máximo.

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