domingo, 4 de octubre de 2026

Día 57: El agujero que faltaba


Hoy tuve una misión espléndida. Mi Amo me había encomendado la tarea de hacerle un hueco adicional al hermoso collar que me regaló. Aquel que lleva mi identidad grabada en unas hermosas letras brillantes: "PUTÍSIMA”.

Fui con las instrucciones muy claras que me dio mi Dueño: solicitar que le hicieran un agujero adicional mientras quedaban totalmente expuestas esas ocho letras maravillosas.

El plan tuvo algunos pequeños contratiempos, ya que estaban cerrados los zapateros y otros lugares similares donde pudieran ayudarme haciendo el hueco a mi collar. Al ver que seguía buscando sin éxito y no iba a rendirme con la misión encomendada, entré a una sastrería pensando que, por lógica, al vender trajes y cinturones para caballeros, tendrían la herramienta adecuada para perforar mi collar.

Al entrar no había nadie; sentí que el encargado estaba al fondo. Salió, lo saludé y me acerqué a él tras confirmar que podía ayudarme. Mientras sacaba el collar del bolso y le explicaba lo que necesitaba, reconoció mi región por el acento, lo cual me sorprendió. Le dije que era de las pocas personas que me habían identificado tan rápido.

Le entregué el collar y se quedó estupefacto. Aquel hombre trataba de mantener la conversación mientras no podía dejar de mirar esas ocho maravillosas letras. Para romper ese momento de asombro le pedí que hiciera el hueco a una altura determinada. 

"—¿Es tu collar? —me preguntó. —Por supuesto que lo es —le dije—. Necesito ponérmelo un poco más suelto porque me aprieta."

Me ayudó a marcar el lugar exacto y le confirmé que estaba perfecto. Mientras usaba la máquina para hacer la perforación, me volvió a preguntar:

"¿Quién te lo ha regalado?"

Cada una de sus preguntas demostraba el estado en el que se encontraba. Él ya sabía que ese collar me pertenecía y que, por lo tanto, la PUTÍSIMA soy yo. Estaba curioso por saber quién me lo había regalado, quién conocía lo PUTA que soy y de quién era propiedad: la persona capaz de llevar un collar con un mensaje tan poderoso.

Así, mientras hacía el hueco todavía perplejo, seguimos conversando sobre nuestras comunidades y el tiempo que él lleva en Madrid. Cuando terminó, me dijo que ya estaba listo. Se lo agradecí e inmediatamente me puse mi hermoso collar en el cuello. Me acerqué al espejo más cercano a ambos; deseaba que él lo viera todo. Él me miraba mientras yo verificaba que el collar me quedara bien. Metí los dedos entre el collar y mi cuello, lo miré a los ojos y le dije:

"Ahora sí está perfecto. Muchísimas gracias."

Luego me recogí el cabello como haciéndome una coleta y ejecuté lo que había conversado con mi Amo. Hice el gesto como si estuviesen tirándome del pelo para que viera lo que me hacen y cómo me tratan cuando lo uso por ser una PUTÍSIMA. Volví a agradecerle y le dije:

"¿Qué habría sido de mí sin ti? ¿Cuánto te debo? —“No, no, nada”—me dijo mirándome.

Me fui muy agradecida. Como me dijo mi Dueño cuando le conté el resultado de mi misión, ese hombre no sabía que, por lo agradecida que estaba, me hubiera podido pedir que me comiera su polla ahí mismo en plena tienda, y lo habría hecho.

Al salir con mi collar puesto, llegué a la esquina, mi lugar habitual. Crucé la calle y llegué a otra esquina. Justo había una zapatería, y las dependientas me veían claramente a través del escaparate, tal como yo a ellas. Allí, entre la gente que paseaba, completé la otra parte de la misión: me tomé dos fotos tal como ordenó mi Amo. Una donde solo se veía mi cuello y la hermosa camiseta que llevaba debajo con la frase "Cheap slut", la camiseta que mi Amo me regaló para regalarme mi valor de mercado y me encantó; y la otra solo para él, donde se apreciaba mi rostro, mi sonrisa, mi collar con la identidad de PUTÍSIMA, mi querida camiseta "Cheap slut" y una parte de mi abdomen.

Me encantó sentir la satisfacción del deber cumplido. Me eché en la cama satisfecha, feliz y contenta cuando me llamó mi Amo y conversamos. Luego de descansar un poco y hacer unas cosas volvimos a conversar. Ambos nos dedicamos a nuestros proyectos juntos con mucho amor y cariño; lo agradezco infinitamente.

Después seguimos completando el archivo de Excel con los nombres de los hombres con los que he tenido sexo. Seguimos construyendo esa lista y van apareciendo risas, conversaciones profundas, vulnerabilidades, juegos y todo aquello que nos conecta. Es una preciosa combinación de sentimientos y emociones compartidos con respeto, complicidad, amor y cuidado.

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