Disfruto tanto mi zorrería. Me encanta arreglarme para salir a zorrear. Tacones, un vestido corto, mi bolso transparente de PUTA en el cual se ve todo lo que llevo, mi pepino y mi Flexer, haciendo visible toda mi zorrería. Le enseñé a mi Amo mi outfit y bolso. Lo único que no fue autorizado fueron los tacones de PUTA altos, blancos, porque solo él me folla con ellos. Adoro su atención en cada detalle y cómo ejerce su dominio en todo sentido.
Le enseñé el último paso antes de salir: cómo me metía mi
juguete en el culo. Me encanta mostrárselo y lo bello que queda brillando.
Llegué a mi bar preferido, mi primera cita de PUTA. Al
verme, el encargado me recibió con un: «¡Ciao! Has llegado. Pensé que ya no
vendrías». Le comenté que el día fue largo, pero ya estaba allí. Al
instante, con una sonrisa y muy determinado, me dijo: «Yo personalmente
prepararé tu coctel preferido». Observar la fuerza y la destreza de sus
manos al usar la coctelera me resultó sumamente excitante. Imaginé esa misma
energía y velocidad en cada centímetro de mi cuerpo. Disfruté ver cómo mezclaba
los ingredientes, su rostro se enrojecía... y empecé a imaginarlo con esa misma
fuerza y vehemencia follándome.
Se dirigió a su equipo para que me traigan algo para picar mencionando
mi nombre. Me encantó escuchar mi nombre de sus labios. Me excita saber que lo
recuerda perfectamente. Además, sentí que le gusta. Estaba muy ocupado con las
comandas, sus clientes, tragos que pedían una y otra vez, y con poco personal,
por lo que me contó.
Durante la conversación me comentó la hora en la que reciben
los últimos pedidos y luego la hora de cierre. Cerraban a las dos. Me dijo que
a las dos todos tenían que salir. Y luego me dijo: «Pero no, tú no. Tú quédate
conmigo después todo el tiempo luego de haber cerrado». Esa invitación fue un
detonante más y sentía cómo chorreaba.
Le agradecí por la preparación de mi coctel favorito. Estuvo
muy bueno. Me dijo que solo lo hizo dos veces: para él y ahora para mí. Que era
una gran alegría que me haya gustado.
Entre risas y coqueteos, recibí la orden de mi Amo de
perfumarme con mis jugos de PUTA y así lo hice. Mi Dueño me recuerda mi perfume
de PUTA. Siempre está tan atento a que lleve mi aroma de PUTA que detone más mi
reconocimiento por otros hombres.
Y así regresé a la barra, perfumada de mis flujos, y
seguimos conversando. Éramos él y yo, y el resto del personal del bar, pero
finalmente la conexión y las miradas, solo eran entre los dos. Mientras él
atendía un asunto, uno de los bartender —que cantó después muy bien,
aunque tímidamente, porque me confesó que le daba algo de pena— vio mi bolso y
reconoció mi puterío. Le pregunté al verlo en silencio: «¿Qué te genera
curiosidad?». Me respondió: «Disculpa». Le dije: «No, tranquilo. ¿Lo
reconoces? También lo usas para tus cócteles, ¿no?». «Sí», me dijo, «es
un pepino». Le respondí mirándolo: «Sí, me encanta usarlo». Me miró
e hizo un rostro que no entendía lo que había pasado, procesando todo.
Se fue y regresó el administrador a preguntarme si quería
probar otro trago. Le dije que sí. Le pregunté por sus tragos preferidos y le
dije que me dé el que le gustaba más. Me miró y me dijo: «Es que depende
mucho de la ocasión». Le respondí: «Siempre hay uno que resalta sobre
los demás. Quiero ese». Y así me preparó un Old Fashioned. Mientras lo
preparaba me dijo: «Es fuerte». Y sí que lo fue. El sabor era fuerte y
estremecedor. Luego me habló de otros tragos y me dijo: «Ven para que los
pruebes». Y le respondí: «Lo haré. ¿Sabes por qué? Porque me has dado
curiosidad, y yo soy muy curiosa». Me miró, sonrió y me dijo: «Eso es
maravilloso».
Seguimos hablando y, delante de todo su equipo, me dice: «Ven.
Ven cuando yo esté aquí». Cogió un papel y un bolígrafo. Escribe. Se acerca
al otro lado de la barra en el que estoy y me entrega el papel mientras me
dice: «Escríbeme y quedamos para tu próxima visita». Lo miro y le digo:
«Perfecto». Después de unos segundos, me giré y vi al resto del personal mirándose
entre sí, sorprendidos por presencial lo que su jefe acaba de hacer frente a
ellos con una clienta, sabiendo que ellos no podían permitirse disfrutar de una
PUTA como yo, como lo estaba haciendo su jefe.
Esta noche, querido diario, acepté el primer número de
teléfono para mi agenda de PUTA. Y dejé mi huella de lo mojada que estaba en el
asiento fino de aquel bar. Huella que limpié con unas servilletas que tomé por
mí misma porque el encargado estaba ocupado o era lo que yo creía ya en muy
poco tiempo, el administrador se percató y me dijo «No, yo te las alcanzo», y
él mismo me dio las servilletas. Rozamos nuestras manos y me vio limpiar
mientras le dije: «Uy, lo ensucié. Ya está, limpio». Y me miró con
intriga de lo que pudo ser.
El alcohol hizo efecto en mí y decidí marcharme, dejándolo
aun con el cierre del bar. La conversación sobre Roma queda pendiente para la
próxima.
Llegué a casa acompañada de mi Amo, Dueño y Señor, a quien
llamé y le conté mi zorrería de la noche. Me hizo videollamada. Me vio con mi
rostro descolocado, mis ojos perdidos entre la embriaguez de mi zorrería, con
tantas ganas de follar. Deseaba que me folle en ese mismo instante, que esté en
casa y me reciba tan PUTA y me dé su polla. Y más aún, como él me dijo, que
llegue ya follada por otro y pida más polla porque soy PUTÍSIMA y deseo ser
follada ahora por él, por mi Amo.
Me regaló follarme con el pollón. Fue tan delicioso sentirlo
tan adentro. Salía con todos mis jugos de tan al fondo. Y así, terminó mi día, suavemente
afectada con el alcohol y sintiendo mucho placer, con ganas de sentir una polla
dentro de mí mientras me pierdo en ese estado de embriaguez, deseando al máximo
ser follada.
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