martes, 8 de septiembre de 2026

Día 31: Primera cita: el encargado del bar

Disfruto tanto mi zorrería. Me encanta arreglarme para salir a zorrear. Tacones, un vestido corto, mi bolso transparente de PUTA en el cual se ve todo lo que llevo, mi pepino y mi Flexer, haciendo visible toda mi zorrería. Le enseñé a mi Amo mi outfit y bolso. Lo único que no fue autorizado fueron los tacones de PUTA altos, blancos, porque solo él me folla con ellos. Adoro su atención en cada detalle y cómo ejerce su dominio en todo sentido.

Le enseñé el último paso antes de salir: cómo me metía mi juguete en el culo. Me encanta mostrárselo y lo bello que queda brillando.

Llegué a mi bar preferido, mi primera cita de PUTA. Al verme, el encargado me recibió con un: «¡Ciao! Has llegado. Pensé que ya no vendrías». Le comenté que el día fue largo, pero ya estaba allí. Al instante, con una sonrisa y muy determinado, me dijo: «Yo personalmente prepararé tu coctel preferido». Observar la fuerza y la destreza de sus manos al usar la coctelera me resultó sumamente excitante. Imaginé esa misma energía y velocidad en cada centímetro de mi cuerpo. Disfruté ver cómo mezclaba los ingredientes, su rostro se enrojecía... y empecé a imaginarlo con esa misma fuerza y vehemencia follándome.

Se dirigió a su equipo para que me traigan algo para picar mencionando mi nombre. Me encantó escuchar mi nombre de sus labios. Me excita saber que lo recuerda perfectamente. Además, sentí que le gusta. Estaba muy ocupado con las comandas, sus clientes, tragos que pedían una y otra vez, y con poco personal, por lo que me contó.

Durante la conversación me comentó la hora en la que reciben los últimos pedidos y luego la hora de cierre. Cerraban a las dos. Me dijo que a las dos todos tenían que salir. Y luego me dijo: «Pero no, tú no. Tú quédate conmigo después todo el tiempo luego de haber cerrado». Esa invitación fue un detonante más y sentía cómo chorreaba.

Le agradecí por la preparación de mi coctel favorito. Estuvo muy bueno. Me dijo que solo lo hizo dos veces: para él y ahora para mí. Que era una gran alegría que me haya gustado.

Entre risas y coqueteos, recibí la orden de mi Amo de perfumarme con mis jugos de PUTA y así lo hice. Mi Dueño me recuerda mi perfume de PUTA. Siempre está tan atento a que lleve mi aroma de PUTA que detone más mi reconocimiento por otros hombres.

Y así regresé a la barra, perfumada de mis flujos, y seguimos conversando. Éramos él y yo, y el resto del personal del bar, pero finalmente la conexión y las miradas, solo eran entre los dos. Mientras él atendía un asunto, uno de los bartender —que cantó después muy bien, aunque tímidamente, porque me confesó que le daba algo de pena— vio mi bolso y reconoció mi puterío. Le pregunté al verlo en silencio: «¿Qué te genera curiosidad?». Me respondió: «Disculpa». Le dije: «No, tranquilo. ¿Lo reconoces? También lo usas para tus cócteles, ¿no?». «Sí», me dijo, «es un pepino». Le respondí mirándolo: «Sí, me encanta usarlo». Me miró e hizo un rostro que no entendía lo que había pasado, procesando todo.

Se fue y regresó el administrador a preguntarme si quería probar otro trago. Le dije que sí. Le pregunté por sus tragos preferidos y le dije que me dé el que le gustaba más. Me miró y me dijo: «Es que depende mucho de la ocasión». Le respondí: «Siempre hay uno que resalta sobre los demás. Quiero ese». Y así me preparó un Old Fashioned. Mientras lo preparaba me dijo: «Es fuerte». Y sí que lo fue. El sabor era fuerte y estremecedor. Luego me habló de otros tragos y me dijo: «Ven para que los pruebes». Y le respondí: «Lo haré. ¿Sabes por qué? Porque me has dado curiosidad, y yo soy muy curiosa». Me miró, sonrió y me dijo: «Eso es maravilloso».

Seguimos hablando y, delante de todo su equipo, me dice: «Ven. Ven cuando yo esté aquí». Cogió un papel y un bolígrafo. Escribe. Se acerca al otro lado de la barra en el que estoy y me entrega el papel mientras me dice: «Escríbeme y quedamos para tu próxima visita». Lo miro y le digo: «Perfecto». Después de unos segundos, me giré y vi al resto del personal mirándose entre sí, sorprendidos por presencial lo que su jefe acaba de hacer frente a ellos con una clienta, sabiendo que ellos no podían permitirse disfrutar de una PUTA como yo, como lo estaba haciendo su jefe.

Esta noche, querido diario, acepté el primer número de teléfono para mi agenda de PUTA. Y dejé mi huella de lo mojada que estaba en el asiento fino de aquel bar. Huella que limpié con unas servilletas que tomé por mí misma porque el encargado estaba ocupado o era lo que yo creía ya en muy poco tiempo, el administrador se percató y me dijo «No, yo te las alcanzo», y él mismo me dio las servilletas. Rozamos nuestras manos y me vio limpiar mientras le dije: «Uy, lo ensucié. Ya está, limpio». Y me miró con intriga de lo que pudo ser.

El alcohol hizo efecto en mí y decidí marcharme, dejándolo aun con el cierre del bar. La conversación sobre Roma queda pendiente para la próxima.

Llegué a casa acompañada de mi Amo, Dueño y Señor, a quien llamé y le conté mi zorrería de la noche. Me hizo videollamada. Me vio con mi rostro descolocado, mis ojos perdidos entre la embriaguez de mi zorrería, con tantas ganas de follar. Deseaba que me folle en ese mismo instante, que esté en casa y me reciba tan PUTA y me dé su polla. Y más aún, como él me dijo, que llegue ya follada por otro y pida más polla porque soy PUTÍSIMA y deseo ser follada ahora por él, por mi Amo.

Me regaló follarme con el pollón. Fue tan delicioso sentirlo tan adentro. Salía con todos mis jugos de tan al fondo. Y así, terminó mi día, suavemente afectada con el alcohol y sintiendo mucho placer, con ganas de sentir una polla dentro de mí mientras me pierdo en ese estado de embriaguez, deseando al máximo ser follada.

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