Hoy seguí la nueva orden de mi Amo, Dueño, Señor y Propietario: salir a zorrear a mi bar preferido. Antes debía pasar por el banco en el que me folló mi Amo el fin de semana y realizar el protocolo respectivo: meterme los dedos en mi coño como reconocimiento y agradecimiento por la experiencia inolvidable que vivimos ahí. Y así lo hice. Me arreglé y salí con el plug en el culo, tacones y una falda corta que cubría la marca de PUTA que la noche anterior escribí en mi pierna con la guía de mi Amo. Llevaba también el mismo bolso de lujo de aquella maravillosa noche en que mi Dueño me folló en aquel banco. Ese bolso que dejé allí tirado porque solo quería la polla de mi Amo.
Salí de casa y caminé por la
Castellana directo a nuestro banco. Pasé por allí e hice el protocolo en plena
calle. Luego, decidí cruzar la Castellana. Tenía unos deseos ardientes de
volver a caminar por aquella avenida en la que mi Amo me agachó a la altura de
su polla y donde yo se la comí a mitad del asfalto. Ahí hice mi protocolo
asignado: persignarme. También lo repetí en el carril de servicio de la
Castellana porque ahí mi Amo también me folló la garganta.
De regreso en nuestro banco, me
senté, metí mis dedos nuevamente en mi coño y grabé un video para mi Amo para
que recordara ese hermoso lugar y lo vivido.
Luego fui a mi bar preferido. Al
llegar, me saludaron con alegría y nuevamente recibí atenciones, saludos
afectuosos y las miradas de tantos hombres puestas en mí. La misión que me dio
mi Amo para aquella noche era que uno de ellos viera la marca de PUTA escrita
en mi pierna izquierda, la que se veía parcialmente cuando me senté. Uno de los
camareros más jóvenes la reconoció y se quedó unos segundos observándola, pero
no llegó a preguntarme qué era. La respuesta ya la habíamos planeado con mi Amo:
sería «Es un proyecto de tatuaje que me haré». Sin embargo, no llegué a
decirlo porque no se dio la oportunidad en esta ocasión. A veces la curiosidad
intimida y limita. Solo un hombre verdadero se atreve a dar el paso para
conocer lo que hay detrás.
Seguí charlando sentada en la
barra de aquel lugar, relajada, cuando de repente, el universo habló. Y es que
así funciona el universo: atrae exactamente todo aquello en lo que vibras. Mi
energía está tan alineada con mi ser de PUTA y la marca que llevaba en mi
pierna, que ocurrió la magia. Se me acercó el encargado, que estaba
reemplazando al titular por vacaciones, y me dijo: «Buenas noches, no nos
conocemos. Soy el encargado. Los dos hombres de aquella mesa le invitan a
sentarse con ellos». La sensación
fue espectacular, una mezcla de sorpresa porque no me lo imaginaba, y de
éxtasis porque por primera vez me habían identificado como una PUTA total. Lo
adoré. Sonreí y rechacé la invitación. Seguí charlando mientras disfrutaba la
emoción y el placer que encendió en mí aquella invitación. Deseaba compartirlo
con mi Amo, pues sabía que habíamos llegado a un hito importante de
reconocimiento de mi esencia de PUTA por un tercero.
Pasé al lado de la mesa de
aquellos hombres que me invitaron a sentarme junto a ellos, los miré y me fui a
casa. Lo primero que hice fue llamar a mi Dueño. Estaba tan excitada por lo
ocurrido. ¡Dos hombres me habían invitado a su mesa! Se lo conté a mi Amo con
una enorme alegría, emoción y adrenalina. Le conté cada detalle. Adoro hacerlo.
Lo compartimos y lo disfrutamos juntos. Fue excitante, me encantó.
Terminamos la noche riendo y
conversando, creando nuevos registros que desarrollaremos en la lista de
aquellos hombres con los que he tenido sexo: cuántas veces lo hicimos, en
dónde, su nacionalidad, la nota a su desempeño... Me encanta llevar aquel
registro, que lo construyamos juntos y compartirlo.
También hablamos de otros planes.
Adoro su planificación y cómo maneja todo con determinación y seguridad. Si
acaso tiene alguna duda, la resuelve solo y viene a mí con certeza, salvo
contados casos en los que comparte si está barajando opciones sobre cómo hacer
algo. Mi Amo me encanta. Su PUTA disfruta.
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