Adoro hacer cosas de PUTA, lo disfruto muchísimo. Escribir, preparar el post con mi Amo, publicarlo, buscar las expresiones o palabras que me enseña... Me encanta.
Me encanta aprender y vivir
experiencias nuevas. Disfruto bañarme y vestirme especialmente para ir a
zorrear. Es una práctica muy placentera prepararme para ver qué trae la noche a
esta PUTA.
Por la tarde pasé a comprar mi
pepino. Iba a llevarlo conmigo en el bolso. En mi noche de zorreo estaría en la
calle con mi bolso y mi pepino. Mi culo con mi plug y mi marca de PUTA
con la flecha dirigida a mi coño. Adoro sentir tanta energía de PUTA en mí.
Sin embargo, no encontré un
pepino con la fuerza, forma y dureza que merezco, así que no compré ninguno. Yo
escojo cada pepino con mucho cuidado. Me da tanto placer que no iba a elegir
cualquiera. Es algo tan valioso. Entra en mi coño, me llena, sale mojado y
caliente por mi propio calor y luego me lo como. El pepino es tan generoso: me
da placer carnal y luego me alimenta.
Por eso no debería ser ninguneado
con esa frase coloquial de "me importa un pepino", como si
fuera lo más irrelevante. Todo lo contrario: debe ser revalorizado y apreciado
por el gran valor que tiene como un precioso juguete sexual que regala placer y
después como alimento saludable para nuestro cuerpo.
Para mí, como la gran PUTA que
soy, todo lo que tiene valor en mi vida me importa un pepino, porque en
realidad me importa y lo aprecio demasiado.
Así, sin pepino, pero con el plug
en el culo, sintiéndolo como me abre y con mi marca de PUTA en la pierna
apuntando a mi coño, salí hacia mi bar preferido. Antes pasé por el banco en el
que mi Amo me folló en plena madrugada, donde me dio su polla y me corrí
brutalmente. Recordarlo me moja. Me detuve frente a nuestro banco e hice el
protocolo respectivo. Meterme los dedos mientras la gente pasaba alrededor,
cerrando los ojos y recordando ese momento tan maravilloso y único. Una
auténtica PUTA follada por su Amo en pleno Madrid.
Ya en mi bar favorito, bien mojada
después de esa parada, volví a encontrarme con aquellos hombres que siempre me reciben
con alegría. Me saludaron con entusiasmo y empezamos a conversar. Entonces
apareció el camarero de mayor edad, el que me reconoció como PUTA desde el
primer día. Tras observar el cóctel que me había preparado el camarero más
joven, que estaba demasiado dulce para mi gusto, le dijo: "¿Pero qué bebida
le has preparado a la señorita? Mírala, tan fresca, ella es diferente".
Se dirigió a mí y me preguntó si
deseaba otro. Asentí y me dijo: "Yo te prepararé uno. Déjalo, yo me
encargo". Me encantó porque lo eligió para mí, no me preguntó qué me
gustaba ni qué ingredientes quería. Él tenía absoluta seguridad de lo que haría
y de que me gustaría, y así fue. Adoro esa determinación. Es un "yo me
encargo, confía". Me enciende. Solo me hizo una pregunta: "¿Tienes
alguna alergia?". Respondí bromeando frente a todos: "Sí, a
los mentirosos".
El camarero joven reaccionó y
dijo: "Ah, a los hombres mentirosos". Le aclaré: "No,
no dije hombres mentirosos. En general, a las personas mentirosas. Yo no soy anti
hombres". Ahí intervino nuevamente el camarero mayor y dijo: "¿Cómo
se te ocurre decir que ella es anti hombres? Solo mírala, ella no es anti
hombres". Me encantó. Lo miré y le dije: "En absoluto, me
encantan los hombres". Él remató dirigiéndose al camarero joven
nuevamente y le dijo: "Claro, mírala por favor, solo un hombre que
conoce muy bien a las mujeres lo reconoce".
Así ejecuté mi primera visita de
zorreo al bar, vistiendo una falda que dejaba ver la mitad de mi marca de PUTA
en mi pierna, aunque no llegaron a notarla.
En ese momento se acercó a la
barra un hombre. Era guapo, estaba pegado al móvil. Sentí que seguía trabajando
y que era un completo workaholic. Decidí que esta PUTA lo sacaría de esa
energía corporativa y lo traería al disfrute del presente. Estaba en un bar con
una PUTA a unas pocas sillas de distancia y en un ambiente agradable. Era mi
propio reto de PUTA de la noche.
El camarero mayor, por educación,
le preguntó si estaba en la ciudad por trabajo o por placer. Él respondió que
por trabajo, que acababa de llegar y que necesitaba relajarse. Intervine con
una sonrisa: "Bueno, tan relajado no estás si estás viendo temas de la
oficina en el móvil, pero te entiendo perfectamente. Me pasaba lo mismo, el
trabajo nos consume demasiado tiempo de disfrute". Lo dije mirándolo
directamente a los ojos. Él me miró y captó el mensaje implícito: no
desperdicies a quien tienes enfrente.
Así fue entrando en la
conversación de la barra, empezamos a reír y comenzó a relajarse. Mientras
hablábamos con el barman sobre los mejores lugares de Madrid para comer
una auténtica pizza italiana, yo preguntaba por el tamaño, si eran individuales
o no, aquel hombre me dijo: "Si no tienes con quién compartirla,
avísame y la probamos juntos".
Lo había conseguido. Lo saqué de
su abstracción absoluta y lo traje al presente. Se río, se relajó tanto que se
animó a querer compartir con esta PUTA una pizza. Objetivo de PUTA creado y
cumplido en esa misma barra esa noche.
Lo que aquel hombre no sabía es
que cada lugar recomendado y cada detalle que preguntaba al camarero los
anotaba para ir con mi Dueño cuando venga y estemos juntos. Qué iluso y
atrevido de su parte pensar que pediría tantos detalles de esa pizzería
tradicional para ir con otro hombre, con él, que minutos atrás estaba distraído
en su móvil.
Terminó la noche de zorreo con
las palabras del camarero veterano: "Cuídate y pórtate mal".
Me encantó. Sonreí y le dije: "Veo que me conoces", y me fui.
Camino a casa, llamé a mi Amo y
le conté la noche de zorreo de su PUTA. Me dijo que cuando vuelva a ver al camarero
este jueves le recuerde lo que me dijo al despedirnos y le diga: "Te
hice caso, me porté mal". Y lo haré.
Solo una precisión: al igual que
ser PUTA tiene una connotación negativa para la mayoría en la sociedad,
portarse mal también la tiene. Sin embargo, para mí portarse mal es jugar,
sentirme, dar placer, follar, disfrutar con mis juguetes, gemir, comerme
pollas, guarrear... todo lo que deseo hacer y muchísimo más. Por tanto, por
supuesto que me porto mal.
Terminé el día con mi Amo
completando el Excel de los hombres con los que he tenido sexo, recordando y
compartiendo con él lo más relevante de aquellas relaciones que me enseñaron
tanto, unas claramente más que otras. Es hermosa la gran confianza y
comunicación que tenemos, compartirlo todo libremente. También he sentido que
es una forma de ver mi evolución respecto a cómo he conocido y me he
relacionado con hombres estando en pareja, el tiempo que he dedicado y cómo
cierro capítulos reconociendo en mi corazón cuando alguien no era para mí,
quedándome con la bonita sensación de que ya vendría quien sea para mí y yo
para él. Es hermoso cómo esta maravillosa idea de la lista que tuvo mi Dueño es
tan potente por todo lo que revela. Otra creación preciosa que tenemos juntos.

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