Hoy me he sentido PUTÍSIMA. Es maravilloso cómo todo se relaciona y se presenta; cómo me reconocen no solo hombres, sino también mujeres, y cómo acabo en lugares que están conectados con mi esencia de PUTA.
Fui a recoger un vestido a una
tienda de ropa muy sensual. Me encanta mirar, me encanta probarme cosas y
siento que todo le sienta increíble a mi cuerpo. Era la segunda vez que iba; me
atendió la dependienta y, como éramos las únicas en el local, empezó a contarme
varias historias sobre lo que escucha y lo que cuentan sus clientes: aquellos
que van a comprar corsés y ropa interior para sus diferentes parejas según cambian
sus relaciones, los fetiches de algunos, historias de transexuales que
disfrutan vistiéndose de mujeres fuera de la oficina, luciendo prendas
femeninas, provocadoras y sensuales. Y es que, ¿cómo no va a ser así? El cuerpo
de la mujer es maravilloso: sus curvas, sus formas... es tan lindo. Los senos,
la cintura, el culo, las piernas... Querer mostrarlo, verlo, disfrutar de una
misma al mirarse al espejo y luego compartir esa belleza con el mundo es algo
que me encanta hacer. Lo disfruto muchísimo.
Así, conversando con confianza
mientras me probaba un vestido, la dependienta me contó algo maravilloso: me
dijo que a su tienda van PUTAS a comprar ropa. Me comentó que a veces buscan un
tipo de atuendo específico; por ejemplo, un día fueron dos PUTAS, sus clientes
le habían pedido que vestir de cuero y fueron a buscar prendas de ese material.
Me habló de una brasileña que llevaba a distintas compañeras en diferentes días
para enseñarle la tienda y que esas nuevas compañeras también compraban allí
lencería, vestidos... Fue fantástico. Me encantó cada una de esas historias.
Hablamos un poco de todo. Le
pregunté de dónde eran las mujeres, le consulté si había alguna de mi ciudad,
me dijo que sí, además de mencionarme otras ciudades próximas. Me dijo que también
habían chicas muy jóvenes, de 18 años. Le dije: «Entonces vienen varias PUTAs.
Conoces a varias de las chicas, seguro que son muy guapas», imaginándome
sus cuerpos. Ella me respondió: «No te creas, no todas son tan guapas». Pero
claro, sé muy bien que eso no quita que sean muy PUTAs.
En un momento me dijo que ganan
mucho dinero, aunque ahora les habían restringido la publicidad libre en
España, por lo que la chica brasileña se había ido a otro país, pero aun así
ganaba muchísimo dinero. Le pregunté: «¿Pero esta chica trabaja por su
cuenta o en algún prostíbulo? Lo digo porque, por lo que me dices de que le
piden temáticas concretas como el cuero, parece que trabaja en un prostíbulo».
Me respondió: «Sí, trabaja en un prostíbulo, pero claro, hay otras que van
por libre». A lo cual le dije: «Por supuesto, es que yo empecé así, por
mi lado. Es placentero. Prefiero no tener jefes, aunque bueno, realmente sí
tengo un AMO. Lo hago simplemente cuando me apetece y por puro placer, no por
dinero; aunque sé que muchas lo hacen por dinero y ganan muchísimo».
Me miró con total naturalidad y
me dijo: «Pero vamos, teniendo un tipazo como te dije desde que viniste la
primera vez, todo te queda hermoso, debes volverlos locos».
Le agradecí por el halago y pensé que
quizás ella creía que yo ganaba mucho dinero, así que lo aclaré. Le dije: «Como
te digo, yo no lo hago por dinero, es puro placer. Mi tarifa la define mi AMO,
y es 0.10 centavos, porque lo importante no es el dinero, sino dar placer».
Y así terminaron mis compras. Sentí
una gran satisfacción al haber llegado a una tienda donde se visten otras PUTAS
como yo, aunque yo sea una PUTA diferente: soy una PUTA que no solo se expresa
con el cuerpo, sino también con la mente, con el alma, con todo mi ser.
Al terminar me llamó mi AMO y
compartí con él un poco de lo vivido. A él le encanta vivir lo que yo
experimento: lo siente, lo disfruta, y a mí me fascina compartirlo juntos.
Luego siguió la noche: fui a
cenar y de ahí a zorrear, que era lo que correspondía. Llegué a un lugar con
música y buen ambiente, y vi la camiseta de una chica que decía
"Roma". Eso me recordó la última señal que tuve con esa palabra tan
hermosa y lo que pasó esa noche con mi Flexer, el cual lo llevaba nuevamente
conmigo.
Esa noche mi AMO no me pudo follar
a la distancia durante la fiesta, pero tuvo una gran idea al verificar que yo
sí podía hacerlo. Me dijo: «Tú sí puedes manejar el Flexer». Y ahí fue
cuando lo sentí; bastaron esas palabras de mi Dueño. Supe que iba a pasar esa
noche, no tuve la menor duda.
Me despedí de mi AMO porque me
dijo que me dejaba zorrear y, con el target identificado, procedí a
ejecutar. Poniendo cara de "me he perdido, necesito ayuda", un
hombre se me acercó y me preguntó qué pasaba. Le dije: «Lo que ocurre es que
no sé muy bien cómo manejar esta aplicación, no sé por qué se me está haciendo
tan complicado ahora. ¿Me ayudas?». «¿Qué es lo que necesitas?», me
preguntó. «Hay una parte en la que salen dos botoncitos que puedo mover con los
dedos», Él intentó averiguarlo. Y yo, como no recordaba dónde se activaba mi
Flexer, cogí de nuevo el móvil para guiarlo bien. Vi cómo lo podía activar y se
lo devolví para que lo descubriera. Cuando encontró el lugar le dije: «¡Vaya,
ese es! Muchísimas gracias, eres lo máximo. Ahora mira, hay que presionar estos
botoncitos». Él los presionó, subió la intensidad y dije: «Vale, uf, lo
has conseguido, ese es el punto, funciona perfecto». El Flexer ya estaba
activo y él no sabía que me estaba follando con sus dedos.
Seguimos mirando otras funciones
de la app y vimos una sección con patrones. Ahí fue cuando le dije: «Mira, aquí
hay patrones y se dan puntuaciones». Me miró y me dijo: «Pero esto ¿qué es? Es
un juguete sexual». Le respondí entre risas: «Sí, ¿lo conoces? Se llama Flexer,
¡genial que lo conozcas!». «No, no, no lo conozco, pero esto es una pasada. Es
una aplicación para dirigir un juguete sexual». «Sí», le dije, «y te puedes
conectar con gente de todo el mundo que también lo tenga. Te conectas, claro, si
tienes tu usuario, y esté donde esté puedes follar a alguien. Es maravilloso. Y
también lo puedo hacer yo misma. ¿Ves?, con esto que acabas de encontrar... No
sabes el gran regalo que me has dado».
Se me quedó mirando y dijo: «¡Vaya
pedazo de tía!».
Nos reímos y en ese momento me
avisaron para irnos y me despedí de él, dejándolo con la intriga de si estaba follándome
alguien más o si me estaba follando yo a mí misma.
Así terminó el día. Una noche de PUTA
llena de sensaciones.
De vuelta a casa llamé a mi AMO,
que me estaba esperando para conversar, y me acompañó durante el camino. Al
llegar, me uniformé como corresponde: con mi camiseta de Cheap Slut y mi
hermoso collar, con mi identidad de PUTÍSIMA, y empezamos a conversar. Vimos lo
que había pasado con el Flexer y por qué no había funcionado en el pub. Y mi AMO
me folló en ese preciso momento. Fue maravilloso leer en voz alta el post del día
mientras me follaba, sintiendo ese placer, leyendo pausadamente... Lo amé. Me
encantan esas sensaciones, ese placer tan grande e inmenso.
Le conté lo de la noche con mi target
y le hablé también de la visita a mi tienda de PUTA. Deseo que la conozca y
visitarla juntos; siento que lo disfrutaremos muchísimo. Disfruto todo lo que
comparto con mi AMO y disfruto este día tan maravilloso que he tenido siendo
tan PUTA.
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