Hoy he sentido un deseo inmenso de chorrear. Mi cuerpo me lo pedía. A veces siento que llevo una vida paralela. El peso de las responsabilidades del día a día hizo que no pudiera concretar mi visita a mi lugar de zorreo preferido, ese espacio donde me siento tan a gusto conversando y calentando a los hombres. Disfruto tanto la enorme relajación que me produce esa dinámica donde ellos intentan acercarse a mí para poseerme mientras mi devoran con la mirada.
Cada uno reacciona a su manera:
unos son más directos, me identifican al instante y me plantan cara; otros se
enamoran por una noche y sueñan con que les enseñe mi ciudad; algunos se quedan
en shock cuando les muestro lo PUTA que puedo ser; con otros no hace
falta demostrar nada. Sé perfectamente que esta noche hubiera sido interesante.
Me visualicé en la barra conversando con el encargado quien me había pedido que
regresara pronto a visitarlos. Sé que una nueva experiencia placentera me
esperaba ahí.
Lo espléndido es que, si bien lo
deseo, siento que no lo pierdo por no haberlo hecho, porque sé que una PUTA como
yo puede vivirlo en cualquier momento. Yo creo la realidad. Reconocer en mí ese
poder de lo PUTA que soy me vuelve loca y me llena de energía; esa energía que
entrego y disfruto. Soy plenamente consciente de mi zorrería y deseo expresarla
cada vez más.
Hoy nuevamente fui consciente
también de que todo está en mi mente. Los estereotipos de hombres para follar y
las creencias que limitan el placer y el disfrute se desvanecen cuando me
conecto con mi esencia de PUTA. Como dice mi Dueño, que me conoce y me folla la
mente a cada instante: cuando soy la PUTA que quiero y debo ser, solo me
importa ser tocada, follada, dar y sentir muchísimo placer. No importa con
quién, solo basta una polla para comer.
Y así fue: hoy me encontré con el
entrenador en la escalera del club y vi el brillo de emoción en sus ojos al
verme. Supe de inmediato que después de la clase él crearía la oportunidad de
hacerme ejercicios de estiramiento nuevamente. Ahí frente a él, sentí su deseo
ardiente de volver a tocarme, sentir mis curvas, mi piel, mi flexibilidad,
escuchar mis gemidos de placer que se me escapan con cada estiramiento. Él no
dejó pasar la oportunidad: me colocó boca abajo en la esterilla y empezó a estirar
mi cuerpo. La forma en que acomoda sus manos en mi cintura para estirar mis
piernas, cómo aproxima su cuerpo a mi coño para profundizar cada movimiento...
Todo eso hizo que mi mente lujuriosa volara.
Mi identidad de PUTA se activó
por completo. Dejé de pensar en si es atractivo o no, en su altura o en
cualquier otro aspecto irrelevante. Solo podía pensar en su polla y en el
placer puro. Me insistió en hacer una sesión privada de estiramiento. Adoro
comprobar ese deseo que tienen de tenerme y poseerme. Sé que será una hora entera
dedicada a tocarme, estirarme y conectar físicamente conmigo. Es fascinante ver
cómo lo enciendo y notar que no me olvida. Pero sobre todo me encanta sentir
que rompo viejas creencias y me enfoco únicamente en el disfrute como la buena PUTA
que soy, sin importarme nada más que cómo me follan.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario