sábado, 29 de agosto de 2026

Día 21: Regalándome a otras manos

Hoy he sentido un deseo inmenso de chorrear. Mi cuerpo me lo pedía. A veces siento que llevo una vida paralela. El peso de las responsabilidades del día a día hizo que no pudiera concretar mi visita a mi lugar de zorreo preferido, ese espacio donde me siento tan a gusto conversando y calentando a los hombres. Disfruto tanto la enorme relajación que me produce esa dinámica donde ellos intentan acercarse a mí para poseerme mientras mi devoran con la mirada.

Cada uno reacciona a su manera: unos son más directos, me identifican al instante y me plantan cara; otros se enamoran por una noche y sueñan con que les enseñe mi ciudad; algunos se quedan en shock cuando les muestro lo PUTA que puedo ser; con otros no hace falta demostrar nada. Sé perfectamente que esta noche hubiera sido interesante. Me visualicé en la barra conversando con el encargado quien me había pedido que regresara pronto a visitarlos. Sé que una nueva experiencia placentera me esperaba ahí.

Lo espléndido es que, si bien lo deseo, siento que no lo pierdo por no haberlo hecho, porque sé que una PUTA como yo puede vivirlo en cualquier momento. Yo creo la realidad. Reconocer en mí ese poder de lo PUTA que soy me vuelve loca y me llena de energía; esa energía que entrego y disfruto. Soy plenamente consciente de mi zorrería y deseo expresarla cada vez más.

Hoy nuevamente fui consciente también de que todo está en mi mente. Los estereotipos de hombres para follar y las creencias que limitan el placer y el disfrute se desvanecen cuando me conecto con mi esencia de PUTA. Como dice mi Dueño, que me conoce y me folla la mente a cada instante: cuando soy la PUTA que quiero y debo ser, solo me importa ser tocada, follada, dar y sentir muchísimo placer. No importa con quién, solo basta una polla para comer.

Y así fue: hoy me encontré con el entrenador en la escalera del club y vi el brillo de emoción en sus ojos al verme. Supe de inmediato que después de la clase él crearía la oportunidad de hacerme ejercicios de estiramiento nuevamente. Ahí frente a él, sentí su deseo ardiente de volver a tocarme, sentir mis curvas, mi piel, mi flexibilidad, escuchar mis gemidos de placer que se me escapan con cada estiramiento. Él no dejó pasar la oportunidad: me colocó boca abajo en la esterilla y empezó a estirar mi cuerpo. La forma en que acomoda sus manos en mi cintura para estirar mis piernas, cómo aproxima su cuerpo a mi coño para profundizar cada movimiento... Todo eso hizo que mi mente lujuriosa volara.

Mi identidad de PUTA se activó por completo. Dejé de pensar en si es atractivo o no, en su altura o en cualquier otro aspecto irrelevante. Solo podía pensar en su polla y en el placer puro. Me insistió en hacer una sesión privada de estiramiento. Adoro comprobar ese deseo que tienen de tenerme y poseerme. Sé que será una hora entera dedicada a tocarme, estirarme y conectar físicamente conmigo. Es fascinante ver cómo lo enciendo y notar que no me olvida. Pero sobre todo me encanta sentir que rompo viejas creencias y me enfoco únicamente en el disfrute como la buena PUTA que soy, sin importarme nada más que cómo me follan.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Ampliando horizontes

Estos últimos días han estado llenos de momentos espectaculares. Vivirlos con tanta presencia y disfrutar del aquí y el ahora es simplemente...