viernes, 14 de agosto de 2026

Día 6: La primera marca

Hoy mi plan original era tranquilo. Pensé que mis ganas de zorrear tendrían una pausa moderada. Pero la que es PUTA es PUTA, y terminé otro día más chorreando por donde iba.

Sin aviso alguno, brotó nuevamente mi verdadera esencia. Todo comenzó ante la orden de mi Dueño, que requería verificar el estado de la inflamación de mi coño, luego de haberme follado con el pepino durante dos horas por la tarde.

De repente, ahí me encontraba, completamente abierta, metiéndome un pepino con las dos manos, con el que me follaba deliciosamente. Sentía cada embestida con fuerza, porque así me encanta que me follen, con energía, constantemente y sin parar.

Esta vez fui aún más zorra, porque mi Amo ni siquiera tuvo que ordenarme que lo hiciera más fuerte. Yo sola me encargué de todo. Sentía tanto placer y estaba tan excitada que no me importaba nada más.

Estuve a punto de correrme y gritar de placer al máximo ante su mirada. Ver cómo me mira y cómo lo disfruta me calienta y me hace chorrear todavía más.

Soy tan PUTA que no dije nada. Seguí en un trance de excitación, queriendo continuar follándome con el pepino mientras imaginaba que tenía su polla dentro de mí.

Luego, mi Amo me dejó meterme los dedos. Justo en ese momento de éxtasis, siguiendo su orden, me los saqué. Guiada por el olor de mis propios fluidos, un perfume que me atrae, me calienta y despierta mi instinto de PUTA, me los metí en la boca y los disfruté deliciosamente.

El juego terminó cuando escuché las palabras de mi Amo diciéndome que parara, repitiéndome que soy una gran PUTA y que había vuelto a desobedecerle en su propia cara.

Como buena PUTA, seguí chorreándome toda la noche y dejé mi marca. Mientras caminaba, luego de una reunión con unos amigos, me metí los dedos en plena calle, sobre el capó de un coche elegido por mi Amo, mientras hablábamos por teléfono. Él es quien manda y decide el lugar exacto donde me regala tocarme y disfrutarme.

El peligro de la calle por la noche solo alimentaba más mi zorrería. Mientras estaba allí, apoyada en el capó de ese coche elegido al azar con mis dedos hundiéndose en mi coño empapado, la gente pasaba. Madrid de noche nunca duerme del todo, y el eco de los pasos en la acera me hacía vibrar mucho más.

La joya de la noche fue la huella que dejé de mi paso, un mensaje húmedo escrito con mis propios fluidos en la ventanilla de aquel coche. Mañana, el hombre que lo conduzca no tendrá la más mínima idea de lo cerca que pudo estar, por apenas unas horas de diferencia, con quien marcó su cristal con sus flujos. Se perdió el placer de conocer a la mujer que escribió en su ventanilla. Alguien libre, una PUTA con todas las letras, porque esa es mi esencia: soy puramente PUTA.

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