Soy una PUTÍSIMA y dejo mi marca por donde voy. Me fascina sentirme así, tan sumamente PUTA al correrme en cualquier rincón. Me basta con hablar con mi Amo para sentir cómo empiezo a chorrear, dejando el sofá completamente mojado bajo mi excitado cuerpo.
Sentir el Flexer dentro de
mí, deslizándose en cuestión de segundos entre todos los flujos que brotan sin
control de mi coño... es una adicción. Ando constantemente cachonda, como una
buena PUTA: siempre lista, siempre excitada.
Hoy recibí una nueva orden
espléndida de mi Amo: irme a zorrear llevando dos juguetes conmigo, el Flexer
y el pepino. Para una PUTA como yo, dos siempre es mejor que uno.
Con ese nivel de excitación
llegué a un nuevo pub, dispuesta a explorar lugares, hombres y sensaciones
diferentes. Igual que la última vez, jugaba contra el reloj porque mi amiga
debía ir al aeropuerto. Pronto localicé un objetivo. Me gustó, pero decidí no
acercarme porque intuí que no sería el indicado.
En ese momento, la situación dio
un giro. Tuve un pequeño percance con uno de mis juguetes. Por supuesto, mi Amo
ya tenía un plan B listo para solucionarlo, recordándome que él está al mando y
que cada imprevisto es parte de mi aprendizaje.
Así fui al baño a sacarme el Flexer,
que se había quedado sin batería. Justo al salir, lo vi venir. Me atrajo al
instante y no pude dejar de mirarlo. Nos cruzamos cerca de la puerta del baño;
yo salía del lugar al que él pretendía entrar. Solo unos segundos antes yo
había estado ahí dentro, arrancando de mi coño empapado ese juguete húmedo y
caliente que mi Amo me había permitido usar pese a mi castigo.
Él entró después de mirarme
fijamente y preguntarme si el baño estaba libre.
—Sí, está libre— le
respondí, sin pensar en el baño. ¡Y vaya si lo estaba! Mi coño ahora estaba
completamente libre, latiendo y deseando tener algo que lo llenara por
completo... algo que bien podría ser la polla de ese hombre. En ese instante
supe, con certeza, que ese sería el verdadero target de hoy. Así que
subí a por él para cumplir la orden de mi Amo.
Mi misión era clara: enseñarle
sutilmente el interior de mi bolso, dejando a la vista el Flexer, el
pepino y mis bragas empapadas. Quería que lo viera todo junto y percibiera de
golpe todo mi puterío.
Subí decidida a ejecutar el plan.
Empecé a bailar, a disfrutar el movimiento y sentirlo como me encanta hacerlo.
En pocos minutos me buscó y ya estábamos conversando. El baile nos llevó a la
barra, y fue ahí cuando decidí ejecutar la misión de mi Amo.
Abrí mi bolso frente a sus ojos
fingiendo buscar desesperadamente mi pequeño perfume mientras revolvía el
interior, asegurándome de que sus ojos tropezaran directamente con el Flexer,
el pepino y mis bragas empapadas. Lo miré y le dije:
—Es una maravilla de aroma.
¿Lo hueles? ¿Hueles mi olor?
Él me miró completamente
sorprendido, alternando la vista entre mis ojos y el arsenal de mi bolso. Justo
en ese instante cerré el bolso despacio, sosteniéndole la mirada, y le dije:
—Creo que lo dejé en casa.
Se quedó observándome unos
segundos. El hombre no fue capaz de aclarar sus pensamientos ni de articular
una sola palabra. El impacto de tanta zorrería junta lo dejó completamente mudo
y descolocado.
A sabiendas de que el mensaje
había quedado perfectamente grabado en su mente, me giré hacia mi amiga y le
dije que ya era la hora acordada para ir al hotel a recoger sus cosas. Me
despedí de él con una sonrisa perfecta, dejándolo ahí, estático, devorado por
las ganas de una PUTA que le demostró su adicción a chorrear por donde va y a
llevar siempre encima el arsenal para darse placer en cualquier rincón.
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