Tenía una tarea pendiente que deseaba ejecutar: asegurar mi querida comPUTA.
Ella es un reflejo de mi propio
ser, un instrumento diseñado exclusivamente para el placer absoluto, la entrega
y la curiosidad más profunda.
Por eso hice una parada
estratégica en El Corte Inglés antes de ir al hotel donde se alojaba mi prima.
Mientras el hombre que me atendió completaba la información que me pedía, me
dejé llevar y comencé a describirle, casi con devoción, lo maravillosa que es
mi máquina.
Le hablé de su potencia, de su
nitidez increíble, de cómo siempre está abierta, dispuesta, y de lo hermosa,
femenina y táctil que es. "Es un dispositivo de alto nivel",
le dije. Él me miraba sorprendido de cómo me expresaba con tanta devoción y
deseo.
Cuando estaba por terminar con el
papeleo, miré la hora y todo fue perfecto. Era el momento preciso, faltando 15
minutos para que cierren los grandes almacenes, dije en voz alta: "Dios,
no lo puedo creer, ya van a cerrar. Mi cuerpo no puede pasar la noche sin
él". Y mirándolo fijamente, solté la pregunta sin ningún filtro: "¿En
qué planta encuentro los juguetes sexuales? Necesito un nuevo Satisfyer".
Un compañero suyo, un hombre más
joven que estaba de pie cerca de nosotros, se detuvo al escuchar mis palabras.
El ambiente se congeló. Ambos se quedaron sorprendidos, mirándose mientras
procesaban esa transición de la descripción de mi comPUTA a mis deseos más
íntimos.
El hombre del seguro, nervioso,
le pidió ayuda al más joven. Ninguno sabía a dónde dirigirme y yo, devorada por
la urgencia de mi propio placer, les imploré que buscaran a alguien más que
pueda ayudarme.
El hombre más joven fue
rápidamente a preguntarle a otra compañera. Lo seguí con la mirada a lo lejos
hasta que la mujer se giró para verme, y ahí estaba yo, mirándola fijamente
como lo que soy: una PUTÍSIMA urgida de placer que necesitaba su Satisfyer para
esa misma noche y lo pedía abiertamente, sin pudor. Para la zorra que soy, era
de vida o muerte.
El hombre regresó, estaba
visiblemente sobresaltado y apurado, y me dijo que fuera a la sección de
parafarmacia en el otro edificio. Se lo agradecí con el alma, con una ligera
sonrisa y tranquilidad por saber que consiguió mi placer. "No sabes lo
crucial que es para mí, mil gracias", le dije, y salí de ahí bajo las
miradas atónitas de ambos hombres, devorándome mientras me deseaban una buena
noche e imaginándose el roce vibrante de mi Satisfyer en mi coño.
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