miércoles, 2 de septiembre de 2026

Día 25: Un paso mojado entre pistolas


Lo intuía, hoy sería una noche en la cual cruzaría un límite. Sentía que estando en cualquier lugar, una fiesta con amigas o en una visita sola a un bar, nada cambiaría la nueva experiencia que estaba destinada a vivir.

Fui a una pool party, me preparé para la ocasión y ahí estaba mi Amo, sabiéndolo todo: cómo iba vestida, el tipo de tacón que llevaba, el juguete que llevaba en mi culo y los juguetes que usaría esta noche... todo. Mi complicidad con mi Amo es inmensa, me encanta. Antes de irme a zorrear, se aseguró de que llevase debidamente puesto mi plug anal. Me excita ver mi culo con tan bello juguete brillando.

La noche no solo me llevó a cruzar un límite, sino dos. Apenas llegué, me mojaron dos hombres con unas pistolas de agua. Me encantó el juego y cómo identificaron que me gusta jugar y estar mojada. Los dos me mojaban a la vez y yo estaba tan feliz sintiendo el agua en mi cara, mi culo, todo mi cuerpo, cayendo el agua por todos lados a la vez, hasta en mi ojo. Y fue ahí que imaginé semen cayendo en mi ojo, disparado, sin control, bañada por varias pollas a la vez. Me hizo recordar el difusor que mi Dueño usó la última vez que nos vimos y empecé a mojarme. Me encantó. Imaginé semen por todo mi cuerpo, fue tan excitante.

Entre risas y coqueteos, conseguí lo que quería: la pistola de agua. El detalle fue que el chico que me la dio empezó a querer negociar el tiempo que me prestaría su pistola. Yo la quería toda la noche para mí; él me la dio solo por 45 minutos. Me quedé con ella y cuando volvió después de estar conversando un rato, seguimos con el juego. Le dije que si yo quiero algo debería dármelo, no quitármelo. Me miraba y jugábamos, hasta que me pidió acompañarlo al bar. En el camino, el agua de la pistola comenzó a derramarse y ya no tenía agua. Fue el momento ideal.

Ante su postura de darme la pistola por tiempo limitado, lo cual no me gustó, le comenté: «¿Y así te pones especial para no dármela cuando tu pistola ni siquiera está cargada? Qué mal que no la lleves lista». Sus ojos se abrieron de par en par y me dijo: «Llevo otra, y esa está muy cargada». Y fue ahí, a un lado en el bar, en la barra antes de pedir, que le toqué su polla por encima de su bañador y le dije: «Parece que está a media carga». Y sonriéndole añadí: «Pero definitivamente está más cargada que esta pistola, que solo tiene para dos disparos, y eso no es nada». Y es que realmente, para una PUTA como yo, eso no es nada.

Se quedó perplejo, abrió los ojos, y al notar que la fila avanzaba y que no llevábamos su vaso, me ofrecí para acompañarle a recogerlo. Quería prolongar el juego, mantenerlo en movimiento y someterlo a más sensaciones. De regreso en el mismo lugar de la barra, me cogió por la cintura y me dijo: «Me has metido mano». Le dije que solo había comprobado cómo estaba su pistola. Me puse al frente de él, me acerqué y, siguiendo mi deseo y curiosidad, metí mi mano por debajo de su bañador y cogí su polla. Estaba mucho más dura que la primera vez. La sostuve con mi mano y la sentí mojada. Me encantó, fue una sorpresa deliciosa que no esperaba.

Saqué mi mano y le dije: «Eso es meter mano». Me agarró fuerte de la cintura y bajó sus manos por debajo de mi vestido. Dejé que coja mi culo y, girándome hice que toque mi juguete que llevaba en mi culo. Ahí de vuelta avancé unos pasos, me trajo hacia él y me dijo que a dónde iba. Le dije que regresaba con mis amigas y le devolví su pistola. Ya no la quería, no se compara con mis juguetes reales, e igual que con él, sentí que tuvo su momento y regresé con las chicas.

Regresé feliz, con muchísimas ganas de expresarme bailando. Nos movimos a la zona del fondo, cerca del escenario y el DJ. Baile sin parar, como me encanta: tan libre, disfrutándolo, riendo, sintiéndolo. Y de repente se acercó un hombre y me sacó a bailar. Me encantó la cantidad de vueltas que me dio y cómo disfrutaba bailar, me gustó su energía. En medio del baile me percaté de su anillo. Sentí que era una oportunidad que me daba el universo para dejar atrás creencias, bloqueos, prejuicios. No pregunté como en tantas otras ocasiones lo hice, solo seguí disfrutando el baile, la conversación y esa mirada que tenía hacia mí. Más que mirada, era pura contemplación ante lo que tenía frente a él.

Regresé a bailar con mis amigas y volvió y me sacó a bailar una vez más, hasta que fui al bar y llamé a mi Amo. Deseaba compartir con él que había tocado la polla de aquel primer hombre. Me sentía tan feliz, plena, contenta, sumamente cómoda por lo natural y sencillo que me resultaba asumir mi esencia de PUTA. Había derribado una gran barrera. Solo mi Amo y yo comprendemos la magnitud de ese instante. Un nivel más de evolución en lo nuestro. Me sentí inmensamente feliz por mí y sabía que mi Dueño compartía esa alegría.

Mientras hablamos, se acercó el hombre del anillo. Se acercó con un rostro de «veo que estás hablando con alguien especial». Lo miré, no hice ningún gesto, solo una breve sonrisa al final, y seguí conversando con mi Amo, a quien le conté lo sucedido. Adoro eso, la libertad y confianza absolutas de compartirlo todo, porque es nuestro juego. Lo disfrutamos y veríamos hasta dónde llegaría esta noche.

Y así, camino de regreso donde las chicas, se puso frente a mí aquel hombre y me dijo: «Tú también estás igual, estás casada o tienes novio». Mientras lo decía con una cara de «no estás sola», como mezcla de celos por enterarse de que soy de alguien y a la vez buscando un consuelo que justificara su deseo de ser infiel conmigo. Abrí los ojos y moviendo la cabeza le dije: «Ah, ¿ahora tú quieres creer que soy yo la que está casada como tú?». Me miró, me sonrió y se acercó como si le hubiese dicho que estaba disponible, olvidando su realidad. Era lo que decidió creer.

Bailamos de nuevo, yo con el deseo encendido de portarme aún más PUTA. Percibí con total nitidez el ardor de su deseo hacia mí. Estaba extasiado, con el rostro desencajado, totalmente perplejo por lo que estaba experimentando. Su conflicto interno era evidente y él mismo me lo confesó, aunque sus manos en mi cintura y su mirada de adoración contradecían cualquier intento de resistencia.

«Me considero un hombre con armas, pero me has desarmado por completo», me confesó en un momento. En otro me contó que una chica guapa se acercó a hablar con él y su amigo, y fue lo mismo de lo que se ha percatado en otras ocasiones: de cuántas mujeres guapas pero vacías hay por ahí, y lo especial que era encontrarse con alguien como yo. Sus palabras no eran vacías, sentía la verdad detrás de cada confesión. Es que así soy: una PUTA que atrae, encandila y atrapa con una sola sonrisa, con su palabra, su mirada, su forma de ser. Reconocí en mí todo lo que él describía: bella, sexy, atrevida e inteligente. Solo le faltó «PUTÍSIMA», con unas ganas inmensas de ser follada todo el día.

Al terminar la noche, diciendo en voz alta él mismo que lo que hacía no era honesto y que jamás se había comportado así, intentó besarme. Lo que me había dicho al inicio se cumplió; me dijo: «Eres peligrosa». Le respondí: «¿Yo? ¿Tú crees?». Y respondió mirándome fijamente a los ojos: «Sí, y tú lo sabes perfectamente». Podía palpar sus ganas desesperadas de besarme, tocarme y follarme. Aunque quise concederle ese placer, él prefirió reprimirse y martirizarse con el deber ser. Me identifiqué con él, ahí he estado tantas veces.

A la salida nos despedimos todos de forma natural. Le devolví un palmazo que me había dado en el culo unos minutos antes. Lo hizo como un desfogue ante todo lo que se había quedado con ganas de hacerme, así lo sentí. Y ese único golpe que le di lo encendió por completo. Me sujetó firmemente de la cintura cuando me estaba marchando, giré hacia él y fue ahí cuando atrapé su polla por encima de su pantalón. Estaba totalmente perdido, desesperado por follarme ahí mismo.

Así cerró la noche, sintiéndome atraída por un hombre casado, por su energía y por ese conflicto entre desearme y contenerse, que no era más que el reflejo de mi propio poder. Me fui habiendo disfrutado de una noche distinta, habiendo sentido dos pollas y sintiéndome cada vez más PUTA y feliz por el camino que recorro acompañada con mi Amo y Dueño.

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