Hace un mes mi Amo y yo creamos algo maravilloso. El 8 de agosto hicimos la primera publicación de mi blog de PUTA, «El universo de Kali». El nombre fue creación de los dos y la fecha fue elegida por mi Amo con absoluta intención y sentí que era perfecta; lo es. El solo hecho de que haya sido su propuesta la hizo confiable e ideal para mí.
Sentí una alegría inmensa al conectarme y descubrir las
infinitas posibilidades del blog: compartir mi universo, mis vivencias diarias,
mi zorrería, mi autoconocimiento, mi placer, descubrir que la plataforma
permite subir fotos y vídeos. Me encantó. Solo imaginar todas esas
posibilidades despertó en mí una enorme sensación de excitación. Visualicé a
tanta gente entrando en mi universo, conociendo mi historia, sintiendo
curiosidad por lo que vivo. Hoy volvieron con fuerza muchas de esas ganas de
entregarme a la experiencia y dejarme llevar; bastan unas palabras de mi Amo
para encender algo dentro de mí.
Con la alegría inmensa de celebrar un mes de la creación del
“Universo de KALI” quise darme un tiempo para avanzar con temas de casa. Mi
dosis de zorrería del día ya era espectacular con este primer hito de la
creación de «El universo de Kali». Se sentía excitante y poderoso. Pero, de
repente, me llamó un amigo y quedamos en salir a conversar. El lugar elegido
por él fue mi bar preferido. El universo volvía a ponerlo en mi camino.
Aunque había decidido no visitar por el momento al encargado
del bar, el destino parecía tener otros planes. Llegué y nos sentamos en una
mesa, dejando de lado por esa noche mi querida barra de zorrería. Mientras
conversaba, al levantar la mirada veía que el encargado nos observaba. Muy
gentil y educado, y claramente intrigado por mi compañía, interrumpió sus funciones
de supervisión para acercarse a saludar.
Nos preguntó si queríamos algo más y me recomendó el mismo
cóctel que me había preparado el día anterior, pero sin hacer notar que yo
había estado allí. Mostró una reserva absoluta frente a mi amigo. Sentí que su
consigna implícita, muy profesional, era: «No vi ni escuché nada».
Le respondí que ese trago sonaba bien, pero que regresaría
en otra ocasión para pedirlo. Todo fue muy educado, como si apenas nos
conociéramos de vista. Me dijo que nos esperaba en cualquier momento y se
retiró.
Antes de irme, decidí darle un regalo: la oportunidad de
verme y acercarse a mí.
Me puse de pie, fui hacia el baño y me interceptó en el
camino, tal como sabía que ocurriría.
—Ciao, es un gusto verte hoy con... —dijo, haciendo una
pausa.
—¿Con...? —continué yo.
Él sonrió.
—Es un gusto verte hoy. Escríbeme la próxima vez que
vuelvas.
Y así regresé a casa, cargada de una gran fuerza y de la
energía de este día tan especial, en el que se cumple un mes del inicio de este
maravilloso espacio en el que comparto mi universo con el mundo.
Siento que vendrán muchas satisfacciones, experiencias y
encuentros alineados con lo que llevo dentro y con todo aquello que deseo
compartir y vivir.
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