miércoles, 9 de septiembre de 2026

Día 32: Primer mes de disfrute

Hace un mes mi Amo y yo creamos algo maravilloso. El 8 de agosto hicimos la primera publicación de mi blog de PUTA, «El universo de Kali». El nombre fue creación de los dos y la fecha fue elegida por mi Amo con absoluta intención y sentí que era perfecta; lo es. El solo hecho de que haya sido su propuesta la hizo confiable e ideal para mí.

Sentí una alegría inmensa al conectarme y descubrir las infinitas posibilidades del blog: compartir mi universo, mis vivencias diarias, mi zorrería, mi autoconocimiento, mi placer, descubrir que la plataforma permite subir fotos y vídeos. Me encantó. Solo imaginar todas esas posibilidades despertó en mí una enorme sensación de excitación. Visualicé a tanta gente entrando en mi universo, conociendo mi historia, sintiendo curiosidad por lo que vivo. Hoy volvieron con fuerza muchas de esas ganas de entregarme a la experiencia y dejarme llevar; bastan unas palabras de mi Amo para encender algo dentro de mí.

 

Con la alegría inmensa de celebrar un mes de la creación del “Universo de KALI” quise darme un tiempo para avanzar con temas de casa. Mi dosis de zorrería del día ya era espectacular con este primer hito de la creación de «El universo de Kali». Se sentía excitante y poderoso. Pero, de repente, me llamó un amigo y quedamos en salir a conversar. El lugar elegido por él fue mi bar preferido. El universo volvía a ponerlo en mi camino.

 

Aunque había decidido no visitar por el momento al encargado del bar, el destino parecía tener otros planes. Llegué y nos sentamos en una mesa, dejando de lado por esa noche mi querida barra de zorrería. Mientras conversaba, al levantar la mirada veía que el encargado nos observaba. Muy gentil y educado, y claramente intrigado por mi compañía, interrumpió sus funciones de supervisión para acercarse a saludar.

 

Nos preguntó si queríamos algo más y me recomendó el mismo cóctel que me había preparado el día anterior, pero sin hacer notar que yo había estado allí. Mostró una reserva absoluta frente a mi amigo. Sentí que su consigna implícita, muy profesional, era: «No vi ni escuché nada».

 

Le respondí que ese trago sonaba bien, pero que regresaría en otra ocasión para pedirlo. Todo fue muy educado, como si apenas nos conociéramos de vista. Me dijo que nos esperaba en cualquier momento y se retiró.

 

Antes de irme, decidí darle un regalo: la oportunidad de verme y acercarse a mí.

 

Me puse de pie, fui hacia el baño y me interceptó en el camino, tal como sabía que ocurriría.

 

—Ciao, es un gusto verte hoy con... —dijo, haciendo una pausa.

 

—¿Con...? —continué yo.

 

Él sonrió.

 

—Es un gusto verte hoy. Escríbeme la próxima vez que vuelvas.

 

Y así regresé a casa, cargada de una gran fuerza y de la energía de este día tan especial, en el que se cumple un mes del inicio de este maravilloso espacio en el que comparto mi universo con el mundo.

 

Siento que vendrán muchas satisfacciones, experiencias y encuentros alineados con lo que llevo dentro y con todo aquello que deseo compartir y vivir.

 

 

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