Hoy el día empezó muy temprano. Ya estoy en la playa, he sentido unas ganas enormes de disfrutarme y de sentirme. Por la tarde, me invadieron unos deseos profundos de zorrear y conquistar hombres. Conversé con mi Amo, siempre buscamos un espacio para compartir. Hablamos, jugamos y completamos el Excel con dos nombres más de la lista de hombres con los que he tenido sexo: el stripper que por alguna razón había olvidado, y otro que era intenso en lo sexual. Disfruto mucho compartir esas historias con mi Amo, me encanta. Abrirme con él, adoro nuestra intimidad, me hace preguntas con total confianza y curiosidad, y yo a él también. Nos permitimos ser nosotros mismos, sin limitaciones, y eso nos fascina.
Hoy en la playa, una de mis amigas
vio la mitad de mi marca de PUTA en mi pierna izquierda. Mi vestido no la
cubría por completo. Me siento tan cómoda y libre con mi marca, con mi
identidad, que simplemente no pienso que la llevo conmigo ni en lo chocante que
puede resultar para otros. Mi amiga me miró y me preguntó directamente: «¿Qué
tienes escrito en la pierna?», fue una pregunta tan frontal. Se le notaban
las ganas de saber qué decía. Sin pensarlo dos veces, le di la respuesta que
había preparado para los hombres del bar de lujo en la misión de hace unos
días. Le dije que estaba probando algo, y cuando iba a continuar, al instante
me preguntó: «¿Te vas a hacer un tatuaje?». Respondí: «Estoy viendo
el tamaño». «¿Pero de qué es?», insistía con curiosidad y con ese asombro y
reproche ante lo que para ella es algo incorrecto. Le contesté: «Es sorpresa».
Es brutal sentir esa energía tan grande de PUTA. De camino a la playa en el
coche, mientras conversaba con mis amigas, surgió el concepto de «puta» como
algo negativo. Una de ellas dijo: «Me sentí una PUTA», como si fuese
algo malo, inmoral o vergonzoso, cuando para mí representa la libertad
absoluta, y se lo expresé abiertamente.
De regreso al hotel, nos arreglamos
y fuimos a zorrear. Sé que aquí no hay glamour ni encanto, aunque una PUTA no
escoge, y menos una PUTA fácil y barata como yo. Mi Amo sabe que a su PUTA le
gusta la belleza en todos los sentidos y que le encanta, a la vez, cumplir sus
misiones. Deseo tanto disfrutar de los premios que me da que, a pesar de la
escasez de material, salí en búsqueda del target de la noche. Aquí no
solo hay extranjeros borrachos, he visto también lo que me gusta: italianos. Me
atraen mucho. Justo lo había comentado con mi Dueño hace unos días, que tenía
ganas de uno, y mírame, otra vez el universo hablándome. Igual que me habló por
la tarde de camino a la playa cuando encontré un pub con el nombre de mi Dueño.
Mi Propietario estaba ahí conmigo, como siempre lo está. Mi Amo me transmite
tanta tranquilidad, una paz y una confianza ciegas para ser quien realmente
soy. Vivo un proceso de transformación y liberación espectaculares con él. La
señal, leer su nombre, me llenó de una hermosa alegría y seguridad. Es una
confianza que siento recíproca cuando me permite conocerlo cada vez más y
construir esto juntos.
Volviendo al zorreo, el universo
volvió a hablar. Apareció un italoargentino. Primero fueron sonrisas a lo
lejos, aunque en realidad la sonrisa no era para él, sino que era esa sonrisa
natural con la que disfruto la vida. Cerca de la barra se me acercó y me dijo
que era muy guapa. Minutos antes, ya le había enviado a mi Amo la putiseñal
porque la zorrería había comenzado. Y fue así, conversamos en grupo con mi
amiga y un amigo de él. Había karaoke, así que mi amiga y yo decidimos cantar.
Él me dijo que yo era muy particular, desde el color de mi cabello hasta el
azul de la selección italiana que llevaba. Me dijo: «Eres una combinación
perfecta». Hablamos de las personas que veíamos en el pub y comentó que
sentía que en aquel lugar había mucha perdición. Le respondí que no era solo
eso, sino que faltaba glamour, tanto en el comportamiento como en la
vestimenta. Como buen italiano, lo entendió de inmediato, llevaba la moda en el
ADN. Reíamos al escuchar a otros cantar. Al final, el target no llegó a
concretarse. Nos fuimos porque mi amiga quería descansar. Sobre todo, fuera de
Madrid, llegamos juntas y nos vamos juntas.
En el camino de regreso al hotel,
el universo me volvió a hablar. Mientras mi amiga se detuvo a buscar algo en la
playa, se me acercó un chico con el alcohol a tope en la sangre y me preguntó: «¿Tendrás
10 céntimos?». Fue directo a mí, a nadie más; no pidió un euro, no pidió
que le diera lo que pudiera darle. No, pidió exactamente 10 céntimos. Ahí
estaba el universo hablándome.
Al conversar con mi Amo al
regresar al hotel, le conté lo ocurrido. Me excita muchísimo hacerlo, lo
disfruto. Nos reímos de la marca de PUTA vista por mi amiga, de la confusión
con las historias para poder explicar por qué la llevaba en mi pierna.
Completamos dos nombres más de mi lista de hombres con los que he follado.
Tengo tanta energía acumulada. Si estuviera acá con mi Amo, estaríamos follando
sin parar hasta las 6, 7 u 8 de la mañana, donde sea lo haríamos. Nos deseamos
tanto y disfrutamos al máximo, hasta que por fin me diga: «Vamos a dormir»,
y entonces nos iríamos a descansar, relajados y felices.
La noche terminó con las órdenes
de mi Amo de meterme los dedos en el lobby del hotel. Me excita tanto
obedecerle, estaba tan empapada. Me excitó tanto, terminé follándome con el
palo en el baño con mis amigas durmiendo en la habitación que compartíamos. Me encantó,
me follé viendo porno, la continuación de Inside Napoli. Me fascina, deseo
tanto vivirlo todo y me llena de alegría saber que lo viviremos juntos.

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