Hoy tenía unas ganas locas de zorrear, mi cuerpo me lo pedía a gritos. La idea de ir al bar de ese hotel de lujo fue completamente mía, y a mi Amo le encantó la iniciativa. Sabía exactamente a lo que iba: quería ser una PUTA, seducir y excitar a todo hombre que pase por mi lado y sentir la adrenalina pura del juego. Y así lo hice.
El bar desbordaba una elegancia
sobria, pero para mí el ambiente perfecto lo completaba el murmullo de fondo:
se escuchaba un partido aunque el fútbol era un detalle totalmente secundario
para mí. El verdadero juego se libraba en la barra, ocultando un secreto
ardiente en mi coño. Mi Amo me manejaba a su antojo desde la distancia; el
control del Flexer estaba en sus manos, manejando mi placer y haciéndome vibrar
intensamente mientras yo desplegaba mis redes de PUTA.
Fue ahí donde se acercó mi
objetivo: un hombre de negocios que, hipnotizado por mi presencia, terminó
llegando casi una hora tarde a su reunión. Me sentí tan PUTA calentándolo sin
piedad entre copas y miradas cargadas de intenciones. Lo dejé completamente
fascinado; el hombre estaba anulado, no quería despegarse de mí y me confesaba con
su cuerpo y mirada que ansiaba follarme toda la noche y el día siguiente. Su
deseo era tal que ya planeaba aparecerse en mi casa al terminar su reunión e
incluso me invitó a desayunar juntos en el hotel a la mañana siguiente. Esta
noche, sin duda, se correrá pensando en esta PUTA que lo dejó completamente
cautivado. Lo que él jamás sospechó es que, en ese mismo instante, yo solo
tenía ganas de ser follada por mi Amo, entregándole a él todo el control de mi
cuerpo.
En pleno clímax de la noche,
justo al final del partido, mi Amo dictó una orden directa que me llevó un paso
más allá. Con total sumisión, me saqué el Flexer en el baño y, siguiendo su
mandato, lo deslicé por mi rostro y mis labios. Así regresé ante el ejecutivo, con
mis propios flujos marcando mi piel, sintiéndome deliciosamente chorreada y
putísima tras haber sido follada a distancia por mi Amo, exhibiendo mi entrega
ante un hombre que hoy solo saboreó el deseo.
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