martes, 11 de agosto de 2026

Día 3: Mi descenso a la realidad oculta


Acabo de llegar a casa. Son las 7 de la mañana y entro con el cuerpo con esa deliciosa sensación de haber excitado a una multitud. Todavía puedo sentir el rastro de la noche en mi piel, como una verdadera PUTA que ha cumplido con su propósito.

Esta noche el destino quiso arrastrarme a un bar underground que está a años luz de mi entorno natural. El simple hecho de pisar ese lugar ya me generaba una descarga de adrenalina por la novedad.

Ayer estaba zorreando en el bar de un hotel de lujo, rodeada de trajes caros y elegancia. Hoy me encontré atrapada en un sótano oscuro, vibrando con música electrónica pesada y rodeada de tipos de hombres completamente diferentes a lo que estoy acostumbrada.

Ese contraste tan brutal solo sirvió para encenderme más, recordándome lo buena PUTA que soy. Una PUTA que se desborda de deseo, sin importar el código de vestimenta. PUTA es PUTA, no importa si cargas un Louis Vuitton, un Prada o un Saint Laurent. El adorno caro no cambia lo que llevo por dentro.

Y como buena PUTA, seguía las órdenes de mi Dueño. Él me ordenaba a su antojo a la distancia. Me mandó a meterme el pepino que llevaba en mi bolso de lujo, sacármelo y luego lo restregué por todo mi rostro.

Así, completamente impregnada de mí misma, salí PUTISIMA a la pista con mi propio olor, a PUTA encendida. Una fragancia que atrajo a muchos hombres. Querían follarme, disfrutarme, me deseaban con desesperación. Me encontraban apasionada, sexy, sensual y provocadora. Me miraban de pies a cabeza y yo disfrutaba cada segundo de su lascivia. Si supieran cuánto me encanta ser un simple objeto de deseo.

En ese momento conecté con la situación. Se me acercaron varios a la vez. Bombardearon mi mente con demasiados estímulos y mi coño reaccionó mojándose irremediablemente. Me imaginé ahí mismo, en medio de la pista, con todos a mi alrededor tocándome y follándome a la vez.

Me encantó ese instante, seduciendo a cada uno mientras todos peleaban por tener mi atención.

Desde lejos me miraban los que ya habían estado intentando algo conmigo un rato antes. Entre ellos, el que quería llevarme a su casa. Ese hombre había identificado mi fuego interno y solo quería devorar mi cuerpo.

Pero el momento en el que fui más PUTA esa noche llegó con una nueva instrucción de mi Dueño. Cumplir sus órdenes es un placer húmedo y absoluto. Esta vez me ordenó hacer que vieran el pepino que llevaba en mi bolso.

Como la misión se cumple sin duda alguna, aproveché el momento. Sabiendo que uno de ellos me seguiría, fingí que tenía sed y me dirigí a la barra. Dos de ellos quisieron acompañarme, así que miré a uno y le dije fríamente que el otro sería quien me escoltaría.

Ya en la barra, al momento de pagar, le pedí que me ayudara porque no encontraba el dinero. Mi objetivo era claro: que mirara dentro del bolso. Y lo hizo. Se quedó congelado mirándolo. Lo tocó, y yo le susurré al oído: "Esta noche ese es el reemplazo de mi juguete".

Él, mirándome maravillado, con fuego en los ojos, me contestó: "Tu juguete puedo ser yo".

Justo en ese instante de máxima tensión, recibí otra orden de mi Amo en el teléfono. Miré al hombre y solo le dije que ya volvía, entré al baño y me masturbé deliciosamente con el reemplazo vegetal de mi juguete.

Fui tan PUTA esta noche excitando a tantos hombres en el lugar, que terminé perdiendo la cuenta. Todos pedían mi número, anhelaban llevarme a sus casas o follarme ahí mismo contra la barra.

Decidí irme, dejándolos a todos encendidos. Y camino a la salida, dos argentinos me interceptaron y no me dejaron ir. Ahí estaba yo, PUTÍSIMA nuevamente, dejándome rodear por dos nuevos desconocidos para cerrar la noche con emociones grupales.

Esta noche reconocí que mi cuerpo pide a varios hombres a la vez, y que la PUTA que soy también disfruta follar con perfiles totalmente diferentes, aunque no tengan nada que ver con mi tipo ideal.

 


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