Acabo de llegar a casa. Son las 7 de la mañana y entro con el cuerpo con esa deliciosa sensación de haber excitado a una multitud. Todavía puedo sentir el rastro de la noche en mi piel, como una verdadera PUTA que ha cumplido con su propósito.
Esta noche el destino quiso
arrastrarme a un bar underground que está a años luz de mi entorno
natural. El simple hecho de pisar ese lugar ya me generaba una descarga de
adrenalina por la novedad.
Ayer estaba zorreando en el bar
de un hotel de lujo, rodeada de trajes caros y elegancia. Hoy me encontré
atrapada en un sótano oscuro, vibrando con música electrónica pesada y rodeada
de tipos de hombres completamente diferentes a lo que estoy acostumbrada.
Ese contraste tan brutal solo
sirvió para encenderme más, recordándome lo buena PUTA que soy. Una PUTA que se
desborda de deseo, sin importar el código de vestimenta. PUTA es PUTA, no
importa si cargas un Louis Vuitton, un Prada o un Saint Laurent. El adorno caro
no cambia lo que llevo por dentro.
Y como buena PUTA, seguía las
órdenes de mi Dueño. Él me ordenaba a su antojo a la distancia. Me mandó a
meterme el pepino que llevaba en mi bolso de lujo, sacármelo y luego lo
restregué por todo mi rostro.
Así, completamente impregnada de
mí misma, salí PUTISIMA a la pista con mi propio olor, a PUTA encendida. Una
fragancia que atrajo a muchos hombres. Querían follarme, disfrutarme, me
deseaban con desesperación. Me encontraban apasionada, sexy, sensual y
provocadora. Me miraban de pies a cabeza y yo disfrutaba cada segundo de su
lascivia. Si supieran cuánto me encanta ser un simple objeto de deseo.
En ese momento conecté con la
situación. Se me acercaron varios a la vez. Bombardearon mi mente con
demasiados estímulos y mi coño reaccionó mojándose irremediablemente. Me
imaginé ahí mismo, en medio de la pista, con todos a mi alrededor tocándome y
follándome a la vez.
Me encantó ese instante,
seduciendo a cada uno mientras todos peleaban por tener mi atención.
Desde lejos me miraban los que ya
habían estado intentando algo conmigo un rato antes. Entre ellos, el que quería
llevarme a su casa. Ese hombre había identificado mi fuego interno y solo
quería devorar mi cuerpo.
Pero el momento en el que fui más
PUTA esa noche llegó con una nueva instrucción de mi Dueño. Cumplir sus órdenes
es un placer húmedo y absoluto. Esta vez me ordenó hacer que vieran el pepino
que llevaba en mi bolso.
Como la misión se cumple sin duda
alguna, aproveché el momento. Sabiendo que uno de ellos me seguiría, fingí que
tenía sed y me dirigí a la barra. Dos de ellos quisieron acompañarme, así que
miré a uno y le dije fríamente que el otro sería quien me escoltaría.
Ya en la barra, al momento de
pagar, le pedí que me ayudara porque no encontraba el dinero. Mi objetivo era
claro: que mirara dentro del bolso. Y lo hizo. Se quedó congelado mirándolo. Lo
tocó, y yo le susurré al oído: "Esta noche ese es el reemplazo de mi
juguete".
Él, mirándome maravillado, con
fuego en los ojos, me contestó: "Tu juguete puedo ser yo".
Justo en ese instante de máxima
tensión, recibí otra orden de mi Amo en el teléfono. Miré al hombre y solo le
dije que ya volvía, entré al baño y me masturbé deliciosamente con el reemplazo
vegetal de mi juguete.
Fui tan PUTA esta noche excitando
a tantos hombres en el lugar, que terminé perdiendo la cuenta. Todos pedían mi
número, anhelaban llevarme a sus casas o follarme ahí mismo contra la barra.
Decidí irme, dejándolos a todos
encendidos. Y camino a la salida, dos argentinos me interceptaron y no me
dejaron ir. Ahí estaba yo, PUTÍSIMA nuevamente, dejándome rodear por dos nuevos
desconocidos para cerrar la noche con emociones grupales.
Esta noche reconocí que mi cuerpo
pide a varios hombres a la vez, y que la PUTA que soy también disfruta follar
con perfiles totalmente diferentes, aunque no tengan nada que ver con mi tipo
ideal.

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