miércoles, 12 de agosto de 2026

Día 4: ¿Quedarse con las ganas?

Hoy entré a un nuevo pub sintiendo el goteo constante de mi propia excitación, con el coño inflamado y sensible tras dos horas de placer con un pepino en mi coño, cumpliendo las órdenes de mi Dueño.

La adrenalina subió al ver que la noche exigía mucha astucia y rapidez. Tenía una misión y un objetivo claro. Actuando con el descaro de una PUTA, rápidamente localicé a mi target: era un hombre con un rostro algo preocupado que charlaba con su amigo. Supe exactamente cómo entrar en su mente.

Después de unos minutos mirándolo de vez en cuando mientras conversaba con mi amiga, cuando pidió otra copa, aproveché el momento exacto para acercarme a él y soltarle sin rodeos:

—Quizás sería momento de relajarte de otra forma.

Sus ojos se abrieron con sorpresa, a lo que añadí mirándolo directamente a los ojos y con una ligera sonrisa:

—La risa también es una magnífica forma.

El ambiente cambió. Estuvimos conversando los cuatro, pero el reloj corría y me enfoqué por completo en él. Entre risas, noté que él estaba más relajado y, saqué estratégicamente el tema de un juguete que ando buscando como regalo de cumpleaños de un amigo.

Con su rostro ya distendido, decidí dar el golpe final:

—Hablando de juguetes, tengo uno precioso. No sé si alguna vez lo has visto... me follan a distancia con él.

Sus ojos se abrieron extasiados. Me preguntó si lo llevaba conmigo, a lo cual le dije:

—No, se quedó sin batería porque lo usé demasiado.

Y antes de que dijera lo que iba a salir de su boca, sin darle tiempo a darme su respuesta, le dije:

—Pero llevo otro en mi bolso.

Y lo invité, con mi mirada fija en sus ojos, a que abriera mi bolso.

Estaba tan incrédulo, ardiendo en deseo... Se dio cuenta de que jamás en su vida había tenido una PUTA como yo tan a su alcance. Excitado, me dijo:

—Yo te voy a dar toda la polla que desees, no necesitas ese pepino.

Le sonreí y le dije que justo era la hora de irme a que me follara el pepino antes de cerrar el local. Me fui, y cuando regresé del baño, me acerqué a su oído y le susurré:

—Has sido muy atrevido con tu comentario. Ese pepino que ninguneaste me folla riquísimo, y tú esta noche te vas a quedar con las ganas.

Y me fui dejándolo calentísimo. Vi en su mirada que me gritaba "eres una grandísima PUTA". Y lo soy, solo que él no tiene la mínima idea de mi verdadero nivel de zorrerío. Mi zorrería extrema de hoy fue la desobediencia a mi Amo y Señor. Soy tan PUTA que desobedecí la orden expresa de mi Dueño de no correrme; y no solo lo hice, sino que me corrí en su cara y se lo negué sosteniéndole la mirada.

Esa es la prueba máxima de la PUTA que soy: poner mi placer ardiente y mi propio fuego por encima de la disciplina que mi Amo me enseña. ¿Quién más se atreve a desobedecer a su Dueño en su propia cara, quebrar su autoridad y negarlo todo? Solo una grandísima PUTA que vive únicamente para complacer el fuego insaciable que lleva dentro, yo. Lo cual conllevó el castigo impuesto por mi Amo, la prohibición por una semana de introducirme cualquier objeto en mi coño.

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