Hoy he sentido el inmenso placer de zorrear. Fui al bar del hotel de lujo que tanto me gusta, un lugar lleno de gratos recuerdos y de la atención de los hombres que trabajan allí.
Salí dispuesta a disfrutar,
vestida con una de las faldas elegidas por mi Amo, un top, tacones y,
debajo, mi juguete en el culo.
Al llegar, el encargado me
recibió con una sonrisa; la primera señal de que la noche sería genial. Me puse
ante la vista de todos. La barra lucía muy distinta a la efervescencia veraniega
de las últimas semanas, pero mi nivel de PUTA no solo permanecía intacto, sino que había
aumentado.
Adoro estar rodeada de tantos
hombres, me encanta. Pedí una copa de vino blanco, disfrutando de la rapidez y
el deseo con el que me atendían. Con la excitación a flor de piel, me dediqué a
observar cada detalle: escuchaba las conversaciones detrás de la barra y
respondía con sonrisas cómplices al encargado, a quien veía dar órdenes y
resolver inconvenientes. Su seguridad me conectó de inmediato con lo que tanto
me atrae. Recordé a mi Amo y la excitación fue tal que deseé con locura que me
follara en ese mismo instante.
Absorta en mis pensamientos,
ocurrió lo inevitable: el encargado quería más de mí. Él estaba trabajando y, de
repente, escuché que le comentó a un camarero joven: «Sé que la señorita lo
sabe». Me sonrió a lo lejos e iniciamos una conversación en la que, aunque
participaban varios, las miradas eran exclusivas entre los dos.
En medio de mi zorrería, llamó mi
Amo. Él sabe perfectamente quién soy: supo a la primera dónde estaba y qué
hacía. Le encanta que zorree y ambos lo disfrutamos.
Sentada en mi barra de PUTA,
sentía mi poder de atracción. Lo tengo todo. Soy una PUTA poderosa que atrae con su sola presencia y,
añadiendo mi palabra, mi mirada, mi sonrisa y mi intención, consigo lo que
deseo.
Inmersa en tantas sensaciones,
escuchándolos hablar en su propio idioma, lo visualicé: estaba en medio del encargado,
él con su traje, y el barman con su uniforme; los tres en una habitación
a punto de follarme deliciosamente. Deseaba tanto ser follada por ambos.
El encargado, entre una y otra
orden que daba, me miraba y sonreía. Se acercó a mí y conversamos sobre
nuestras vidas. Me preguntó qué hacía en Madrid y hace cuánto había llegado. Si
supiera que vine a liberarme, a sacar mi identidad de PUTA y expresarla; y ahí
mismo lo estaba haciendo con él.
Al pedir la cuenta, recibí un
regalo: un coctel especial que estaba fuera de carta, preparado especialmente para
mí y enviado por él, un detalle excitante de su parte para que me quedara un
rato más. Funcionó. Nos quedamos solos conversando sobre nuestras vidas,
conectando más, hasta que llegó la hora de despedirme. Me invitó a volver unos
días después. Le respondí que no podría porque estaría regresando de un viaje (con
mi Amo). Él me propuso otro día y así sellamos el encuentro: una PUTA que por
primera vez pone a un hombre en su agenda de zorra… y me encanta.

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