jueves, 17 de septiembre de 2026

Día 40: Hamman: Humedad incesante


Hoy conecté con lo PUTÍSIMA que soy y con el deseo salvaje de ser follada en cualquier lugar.

Fui a un hammam con mi amiga y, apenas vi al masajista, me encendí. Sentir sus manos sobre mi piel, el susurro de su voz y el aroma del aceite que elegí creó un cúmulo de sensaciones que me activaron cada vez más.

Todo estalló con un gesto pequeño pero increíblemente excitante: el masajista desató la parte de arriba de mi bikini y dejó caer las tiras a los lados de mi cuerpo. Boca abajo, supe que cualquier movimiento mínimo dejaría mis pechos al descubierto. Me fascinó la idea de que me viera desnuda.

Mientras recorría mi espalda con unos maravillosos masajes, deseaba que sus manos bajaran un poco más y me cogieran los senos, y empiece a acariciarlos y darme placer. Sus manos bajaban desde mi cuello por toda la espalda hasta el inicio de mi culo. Fue brutal. Presionaba justo como le pedí: «Intermedio y fuerte, ve alternando», le dije. Anhelaba que sus manos no se detuvieran, que se atreviera a cruzar la línea ética entre masajista y clienta, y notar lo receptiva que estaba, las ganas que tenía de polla.

Con los ojos cerrados, le transmitía mentalmente mis fantasías, deseando que tuviera el poder de leerme la mente, actuar y me follara.

Al masajear mis brazos, bajó hasta mis manos y entrecruzó sus dedos con los míos. Fue tan excitante. Imaginé que ambos apretábamos los dedos entrelazados con fuerza, agarrándome a él mientras me metía su polla tan adentro. Esa fuerza única que me hace sostener con desesperación las manos de un hombre.

Al masajear mis piernas, quise que subiera hasta la ingle, que sus dedos se deslizaran por mi coño y me hicieran correr ahí mismo. Deseaba que me follara en ese oasis de relax.

Cuando se colocó junto a mi cabeza, visualicé mis brazos estirándome para sacarle la polla y comérmela entera, dándole la señal de que tenía vía libre para hacer conmigo lo que quisiera.

Me encantó reconocerme así: ardiendo en deseo, absorta en el placer y conectada con mi zorrería. Adoro la idea de enloquecer con una polla en un entorno tan nuevo, tan imprevisto.

Durante toda la sesión estuve chorreando abundantemente y pensaba en llegar a casa para compartirlo con mi Amo, y así lo hice. Como dato curioso, al irme y despedirnos, descubrí que el hombre se llamaba igual que mi Dueño.

Y así terminó mi visita en el hammam. Desde que llegué y vi ese entorno oscuro diseñado para el relax y el placer de las piscinas, mi mente me llevó directo a mi Amo. Nos imaginé disfrutando juntos, él acercándose y follándome ahí mismo donde los demás solo buscan relajarse. Con los chorros de agua, nosotros nos relajamos follando en la oscuridad.

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